Libertad relativa

Entonces pienso que si Don Félix, mi profesor de ética y filosofía, escuchara todo esto me diría: segues a se-la pobre infeliz que coñecín con dezaseis anos. A liberdade plena é unha utopía, así como tampouco existe esa entelequia á que moitos chaman democracia.
Y mentalmente le contesto, tal y como solía hacer hace cinco años: Xa o sei mestre, pero e que non preciso dunha liberdade plena para me sentir completamente ceive. No necesito esa libertad absoluta, porque prefiero beber la vida disfrutando cada pequeño sorbo, y pintar mi cuadro con trazos lentos y precisos para poder sentir con total intensidad cada nueva pincelada. No entiendo a esa gente que quiere vivir al máximo de velocidad y sin freno. Prefiero mi pequeña e insignificante libertad relativa, porque incluso sólo con ella me siento viva todas las mañanas de este mes de junio.
Y él o García Calvo me tacharían de romántica decadentista, minimalista o alguno de esos términos que se inventan para justificar su adorada e intocable filosofía. Pero yo sé que Don Félix se siente un pelín más libre con cada chiquita del recreo, por mucho que pretenda negarlo en nuestras tertulias.
Este domingo, paseando por el río, me encontré con una chica que se debía sentir por lo menos tan libre como yo. Quizá por eso permitió que me acercara a ella sin asustarse demasiado. Parecía tan segura de no correr peligro... La diferencia entre nosotras es que ella llevaba un vestido azul precioso, de esos que todas hemos deseado tener a los cinco años. Cuando le dije lo mucho que me gustaba empezó a saltar de alegría, removiendo las hojas a su paso.
Y en el fondo, ¿a qué chica no le alegra el día un buen piropo? :)
En la foto: la chica del vestido azul
5 comentarios
jose -
nando -
pd: cada día escribes mejor ;)
Inchina -
Yo también necesito una cura de sueño yaaaa!!!
Bicos :)
monica -
brianda -