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Una Mujer Estresada

180º

180º Había sido un pésimo jugador. Lento, indeciso, arrastraba los pies sobre el tablero siempre retrasando la mudanza a una nueva casilla. Hasta que un día entre arrastre y arrastre cayó de bruces y por fin reaccionó. Todo dio un giro radical. Creía haber encontrado algo nuevo que le ayudaría a mejorar sus movimientos, eso que los hijos del quattrocento bautizaron como perspectiva. Y ahí estaba, todo un experto saltando de casilla en casilla con una agilidad pasmosa, jamás echando de menos las viejas partidas ni parándose a pensar en la actual. Ya empezaba a planear la siguiente jugada, cuando de pronto:

¿No sabes bailar una nana?

Y esquivando, esquivando... ¿la casualidad más estúpida y remota que alguien pueda imaginar? Sí, esa. Pues esa le ha puesto en jaque. “Venga, no digas tonterías”. Y un beso en la nuca frenado por un frío y seguro “Jamás digo tonterías”.

- Será cantar una nana, ¿no?
- No, bailarla. Fred Astaire las bailaba


¿Cómo?. Ella suspira. Sonríe, y el aliento recorre las hebras del flequillo como sus dedos el teclado del Steinway & Sons que nunca había sido suyo. El cómodo sillín de pianista gira y responde: Con arena. La arena de un enorme cenicero de hotel.

¿Arena?

Despega un caramelo de su celofán y empieza a acariciar el principio de una melodía de Bach que no tocaba desde los quince. Ya ha olvidado su nombre pero no sus primeras notas. Veía a su padre tocarla cientos de veces en ese mismo Steinway. Ella lo había intentado otros cientos de veces más, pero la impotencia de sus pequeños e inútiles dedos nunca le permitió hacerlo correctamente.

Yo no puedo hacer eso, no soy Fred Astaire. Sus pies descalzos pulsaron con fuerza la superficie helada de dos pedales, tal y como solía hacer cuando la rabia la invadía tras confundirse en una nota. Pellizó entre los dedos pulgar e índice la redondez del fino metal. Yo tampoco soy pianista, pero este piano es parte de mi

- No te entiendo
- Lo sé. Yo misma no acabo de entenderme del todo


Sólo su contrincante, su adversario en si aunque no se atreviera a enfrentarlo, le había susurrado telepática, involuntariamente aquella vieja melodía. Algo que le había sido tan sencillo perder como recuperar en aquel preciso instante. Arena, imaginación, cinco antiguas notas, un sombrero de copa... el fin de su eterna estrategia. Se levantó, se puso unos zapatos. Salió a la calle decidida a volver a ser ella misma, a gritar que había vuelto (tonterías incluidas).

Y movió ficha
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8 comentarios

Ed Crane -

Aprovecho para comentar -como quien no quiere la cosa- que hoy mismo terminé un libro que trata de alguna forma el tema de volver a mover ficha, a recuperar la vida, a través de los recuerdos, y recomiendo ese libro muy encarecidamente porque merece mucho la pena. Su título es Cuando el Otoño se Levanta, de Miguel Aranguren.

Saludos.

Inchina -

Nando, no pero te cunde (vamos,que eres mogollón de afortunado :P)

Vicente, gracias. Sé que he estado un poco vaga (y también sin inspiración, todo hay que decirlo) pero ha llegado la hora de animar un poco esto de nuevo

Vicente Torres -

Yo no me voy a meter en berenjenales, sino saludar tu regreso.

nando -

"Arena, imaginación, cinco antiguas notas, un sombrero de copa..." y la magia resbalando entre los dedos q hacen soñar con sus palabras. Ya se te echaba de menos escribiendo... jeje. Bonita mezcla de sensaciones y recuerdos :)

PD:Ahí va!! se me ha escapao un comment!! al final será verdad q no estudio tanto como debería... :P
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Inchina -

Ed Crane, buena intuición. ¡Y gracias! pronto visitaré tu rincón.

Mónica: no, creo que ella se fue a robar un cenicero a un hotel y él agradeció librarse de aquella chiflada.

David, ya sabía yo que tenías un lado oscuro (todavía más oscuro que tu lado "nice")

david -

Bailar una nana... Madre mia. Yo ya me lio con el asereje!!

Nice, nice...nice.

monica -

precioso...
pero no me quedó claro...al final se fueron a la cama o no?

Ed Crane -

A veces no hay nada mejor para animarle a uno a mover ficha que revivir los recuerdos del pasado en forma de cinco notas sobre el mismo viejo Steinway o saber que uno no es Fred Astaire pero que aún puede bailar muchas otras cosas que no son nanas.

Me gustó mucho el post. Un saludo.
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