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Una Mujer Estresada

N del T

N del T Él

No podía conocerla después de un tiempo tan escaso. Se repetía una y mil veces que era imposible, que no lograba descubrir a la gente ni incluso después de varios años. Quizá por eso mismo no debía sentirla. Pero algo le decía que sí, que se la encontraba en todos los charcos de octubre, en todos los espejos del pasillo. En el retrovisor de su coche y en la luna de algún escaparate. Era una intuición extraña, el hormigueo en el estómago que antecede a un examen. Entonces, cuando la imaginación le jugaba aquellas malas pasadas, sabía que siempre había sido capaz de definirla.

Ella en sus pensamientos

Era redonda como una manzana. Suave y fina como la comisura de sus labios. Fuerte como el carmín que los dibuja. Lluviosa como una tarde de otoño. Dulce como le Moulin de Yann Tiersen. Irracional como un grito al vacío. Etérea como algunas de sus respuestas. Inestable como el tiempo que transcurría a su lado. Libre y lejana como nadie que pueda recordar en este preciso momento.

Él, una vez más

Volvía a dibujarla en una servilleta de papel, debajo del “gracias por su visita”. No la esbozaba de forma consciente. Era tan sólo un garabato somnoliento a las nueve menos diez de la mañana, la curva de una guitarra levemente trazada ante un café. Después de aquel delirio involuntario soltaba la estilográfica y frotaba una mano contra su frente en un gesto cansado, harto de no volverla a ver en veinticuatro horas más de aquel nuevo día. Agotado de fingir no ser ella, de no admitir conocerla tal y como creía conocerse a si mismo.

Ella

No hablaba para no descubrirse. Era fuerte pero temerosa. Valiente, pero indecisa. Una nube de polvo en un desván olvidado. Perdía sus paraguas, mojaba los zapatos. Adoraba el misterio de un secreto. Solía tratar de recordarle en los autobuses, dibujando sobre el vaho de unos cristales entre gota y gota, pero nunca conseguía definirlo del todo. A veces los recuerdos le fallaban y sabía que pronto necesitaría utilizar algún sentido.

Ambos

Eran la cruz de una sola moneda, harina de un mismo costal. Leían la misma historia, repasaban palabras similares. Habían pisado las mismas calles y una casualidad les hizo cruzar las miradas alguna que otra vez. Pero nunca se paraban a pensarlo a lo largo del camino. Sólo un paso, otro paso, otro... cada uno por su lado. El viento dibujaba espirales con las hojas de los árboles, removía el vuelo de una falda, las páginas de otro libro. Y seguían caminando. De vez en cuando cerraban el paraguas, quizá. No sé si a la vez, pero lo hacían para sentir la lluvia en las pestañas, el frío en las mejillas. A veces el chof de una alcantarilla.

Y es que la vida seguía, impasible, incluso para aquellos que algún día soñaron volver a tropezar en algún tramo del camino.

¿Será porque las paralelas nunca llegan a cruzarse?

"Tomás, porque me has visto has creído. Dichosos los que sin ver creyeron"
(Juan 20, 29)

11 comentarios

hermosa -

Me ha gustado mucho, ¡¡Que bonito¡¡¡

nando -

esa canción la escribió Quique González (tenía q decirlo...) :P

Iván -

Ya lo decían Los Secretos "aunque tú no lo sepas, me he acostado a tu espalda, y mi cama se queja, fría cuando te marchas"

Yo también me he preguntado dónde está.

Besos!

Inchina -

David: me alegro de haber cambiado esa frase a última hora, jeje

Vero: no lo había pensado... sí, es posible ¿no? A estas alturas creo que cualquier cosa es posible (menos mal que no tenemos un comentarista matemático porque nos correría a gorrazos con lo de las paralelas...)

Mónica: yo si que estoy traumatizada, que aún la tengo aquí, en el primer cajón de la cómoda (debería haberla tirado en la hoguera de san Juan, mierda...)

Brianda: ¡me alegro! Debe ser lo único de provecho que he hecho en las últimas semanas ;)

Nando y Vicente: vais a hacer que me sonroje (gracias!)

Brisa: qué gran lección. Desde que la aprendí siempre intento no olvidar todo lo bueno que me rodea.

Espero que vosotros tampoco lo olvidéis. Ya la habéis oído: la felicidad está a la vuelta de la esquina. ¿nos atreveremos a girarla? jaja

¡Un beso y hasta pronto!

brisaenlanoche -

Es tan difícil topar con lo que queremos, que a veces no tenemos idea de lo cerca que está.
Un abrazo.

nando -

Tus palabras a veces son tan preciosas q se parecen a la luz de luna, hermosas como el reflejo del Sol luminoso y lleno de vida q llevas dentro. Es un texto tan maravilloso q susurra amor en cada línea sin siquiera necesitar q quede escrita esa palabra en su interior. Precioso como un sueño del q no quieres despertar. :)

bikos!!

brianda -

Precioso (*suspiro). Creo q me has hecho recuperar la fe en algo en lo que no creía desde hace mucho... :)

monica -

Y seguro que cada uno lleva la mitad de una misma baraja (lo siento, es que la historia de aquella mitad de baraja me dejó traumatizada)

Vero -

Así es el amor. A veces no hace falta más que se caiga una hoja para que las paralelas se crucen

david -

El viento que pasa páginas y dibuja espirales con las hojas. Increible.